Una pastelería en Tokio

1.Ficha técnica

Título Original: An
Dirección: Naomi Kawase
País: Japón
Año: 2015
Duración: 113 min.
Género: Drama
Interpretación: Masatoshi Nagase, Kirin Kiki, Kyara Uchida, Miyoko Asada, Etsuko Ichihara, Miki Mizuno
Guión: Naomi Kawase (basado en la novela An de Durian Sukegawa)

2.Sinopsis

Sentaro tiene una pequeña pastelería en Tokio en la que sirve dorayakis (pastelitos rellenos de una salsa llamada “an”). Cuando una simpática anciana se ofrece a ayudarle, él accede de mala gana, pero ella le demuestra que tiene un don especial para hacer “an”. Gracias a su receta secreta, el pequeño negocio comienza a prosperar. Con el paso del tiempo, Sentaro y la anciana abrirán sus corazones para confiarse sus viejas heridas. (FILMAFFINITY)

3.Comentario vocacional

El argumento que os ofrece Kawase en Una pastelería en Tokio es tan simple como la sinopsis del párrafo anterior. Sin embargo, es una película que rezuma belleza, tal y como la directora nos tiene acostumbrados. Conforme la vamos viendo nos sentimos cada vez más cercanos a los personajes gracias a los primeros planos y los planos medios que utiliza Kawase. Hay pocos diálogos, porque todo gira en torno a las miradas y los gestos.

¿Qué valores vocacionales encontramos en Una pastelería en Tokio? Lo primero que nos llama la atención es la capacidad de asombro que posee la anciana Tokue. Ella es la personificación de la apertura a lo trascendente, a lo que está más allá de lo que ve todo el mundo. Es capaz de escuchar lo que la naturaleza (los cerezos, las flores, las hojas, el viento, el pájaro…) le dice o sugiere. En este sentido recomiendo la crítica de María Ángeles Almacellas que hace una interpretación muy sugerente sobre el devenir de las estaciones en la película.

En el origen y crecimiento de toda vocación está la capacidad de asombro, la sensibilidad a lo trascendente; que en cristiano es una persona, Dios. Estamos hablando de la capacidad de sentir la presencia de Dios a flor de piel, de contemplarlo en la vida de cada día.

Como consecuencia de todo esto, emana la compasión. Tokue es alguien que ha sufrido una enfermedad grave como es la lepra en su infancia. Pero no sólo esto. También ha sufrido el desprecio de la sociedad que obligaba a los leprosos a vivir fuera de todo contacto. Ha masticado el pan de la soledad y la marginación. Sin embargo, esto lo ha sabido integrar de tal modo que no vive en la amargura. Viviendo en paz su propio sufrimiento es sensible al sufrimiento de los demás y a la tristeza que este genera. Es capaz de leer qué es lo que hay en la mirada triste de Sentaro.

El tercer valor que descubrimos es el amor que se hace presencia. La película nos presenta tres personajes que representan tres generaciones: Tokue, Sentaro y Wakana. Los tres tienen en común el sufrimiento de la soledad. Sus soledades se reúnen para terminar ayudándose mutuamente. No se dan muchos consejos, pero se establece entre ellos una relación humana valiosa, de gran calidad, en la que cada uno se siente reconocido por el otro. La idea de Tokue (“cada uno de nosotros le da sentido a la vida de los demás”) resulta más que evidente. Este sentido de la vida no se comparte por lo que se dice, sino por lo que se es.

Otro aspecto que merece la pena destacar es el tiempo. El tema de la cocina sugiere la idea de proceso, de ritos que hay que cumplir y respetar, de paciencia. Es una parábola de la vida misma. Para Sentaro lo más fácil era comprar una pasta de An prefabricada. No costaba ningún esfuerzo ni sacrificio. Pero era insípida. Tokue le enseña a hacer la pasta artesanalmente. Pide más sacrificio, pero resulta sabrosa. Las cosas importantes de la vida necesitan cocerse a fuego lento.

Tukue dice que la mirada de Sentaro es la de aquel que no se pasa de la raya y hace lo que siempre se espera de él. Sentaro es esclavo de su propia frustración. Hace dorayankis pero no los come porque no le gustan. No disfruta con lo que hace. Pero se le presenta un reto, un desafío para superar sus propios límites y complejos: preparar dorayakis salados. Ha heredado de Tukue la receta para cocinar la pasta de An; él tiene que aportar algo propio: conseguir unos dorayakis salados pero sabrosos. Y ya no lo hará en soledad, sino con la ayuda de Wakana.

En resumen, Una pastelería de Tokio nos ofrece la posibilidad de trabajar valores vocacionales como el asombro, la contemplación, la compasión, la presencia amorosa, el sentido del proceso, la superación personal…

4.Materiales para trabajar la película

4.1.Ver y analizar

  • ¿Cómo describirías cada uno de los tres personajes: Sentaro, Tokue y Wakana? ¿Qué soledad vive cada uno?
  • ¿Cómo se ayudan entre ellos para superar esta soledad?
  • ¿Por qué Tukue es capaz de asombrarse y admirarse ante la naturaleza?
  • ¿Qué puede evocar el proceso culinario de preparar la pasta de An?
  • ¿Cómo evoluciona Sentaro a lo largo de la película?

4.2.Nos interpela

  • ¿Te consideras una persona con capacidad de asombro y contemplación?
  • ¿Has sentido alguna vez la presencia de Dios? ¿Cómo?
  • ¿Crees que eres alguien sensible al sufrimiento de los demás?
  • ¿Qué haces cuando alguien a tu lado lo está pasando mal?
  • ¿En qué sentido tu vida “se cocina a fuego lento”?
  • ¿Qué retos nos han hecho crecer y superar límites personales?

4.3.Oramos

  • Canto
  • YA VES QUÉ TONTERÍA

Ya ves qué tontería,
me gusta escribir tu nombre,
llenar papeles con tu nombre,
llenar el aire con tu nombre;
decir a los niños tu nombre,
escribir a mi padre muerto
y contarle que te llamas así.
Me creo que siempre que lo digo me oyes.
Me creo que da buena suerte.
Voy por las calles tan contenta
y no llevo encima más que tu nombre.
(Gloria Fuertes)

  • Oración: POBRE DIOS

Ojalá, Señor, te llegue mi voz.
Aquí estoy.
Sin grandes palabras que decir.
Sin grandes obras que ofrecer.
Sin grandes gestos que hacer.
Solo aquí. Solo. Contigo.
Recibiré aquello que quieras darme:
luz o sombra. Canto o silencio.
Esperanza o frío. Suerte o adversidad.
Alegría o zozobra. Calma o tormenta.
Y lo recibiré sereno,
con un corazón sosegado,
porque sé que tú, mi Dios,
también eres un Dios pobre.
Un Dios a veces solo.
Un Dios que no exige, sino que invita.
Que no fuerza, sino que espera.
Que no obliga, sino que ama.
Y lo mismo haré en mi mundo,
con mis gentes, con mi vida:
aceptar lo que venga como un regalo.
Eliminar de mi diccionario la exigencia.
Subrayar el verbo “dar”.
Preguntar a menudo: “¿Qué necesitas?”
“¿Qué puedo hacer por ti?”,
y decir pocas veces “quiero” o “dame”.
Y así sigo, Dios: Aquí,
sin más, en soledad.
En silencio.
Contigo, mi Dios pobre.
(José M. R. Olaizola)

  • Palabra de Dios: Lc 5, 11-17
  • Tiempo para la meditación personal. Peticiones espontáneas.
  • Oración que las Misioneras de la Caridad rezan cada día:

Oh, Cristo Jesús,
Tú que has mostrado tanta compasión
para las multitudes desamparadas;
Tú que te has inclinado sobre
los leprosos, los ciegos, los enfermos,
los lisiados, los hambrientos, los abandonados y los prisioneros;
Tú que les has cuidado
y les has hablado con amor,
que les has llevado la esperanza
y les has prometido la bondad de Tu Padre;
oh, Cristo Jesús,
ven a socorrernos.
Ayúdanos a difundir Tu misericordia.

  • Padrenuestro

Preparado por Carlos Comendador.

GD Star Rating
loading...

No Comments

Leave a Reply